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ATAVISMOS

Par |2018-11-17T22:35:55+00:00 22 mars 2013|Catégories : Blog|

 

Old houses were scaf­fol­ding once
and work­men whist­ling.
Thomas E. Hulme.

Como una vie­ja alu­ci­na­ción
a la que ya nos acos­tum­bra­mos :
a su repe­ti­da inva­sión,
a sus exce­sos, su ruti­na­rio casi
ser un mueble, un pro­gra­ma de tele­vi­sión
que la pan­tal­la devuelve desde hace años.
Como un pariente que sigue tele­fo­nean­do.
Como un ven­de­dor que insiste con el timbre,
una ex novia que envía car­tas y car­tas,
una mul­ta del tiem­po, una pala­bra inevi­table,
un cli­shé, la mule­tilla acos­tum­bra­da del pen­sa­mien­to ;
como una pava­na que repe­ti­mos sin recor­dar su autor,
su títu­lo, el momen­to en que la oímos por pri­me­ra vez.

Así vuelve una y otra vez
esta cer­te­za inex­pli­cable,
este secre­to que escon­de­mos de todos
y de noso­tros mis­mos
-cuan­do pode­mos, cier­to-
y cuan­do no pode­mos lo vemos en su enorme lon­gi­tud,
su per­tur­ba­do­ra sime­tría,
sus hori­zontes líqui­dos, sus abis­mos, sus antros,
sus cono­ci­dos cami­nos para lle­gar al cen­tro de noso­tros,
allí donde alguien incli­na la cabe­za,
lo admite, aunque no se resi­gna, todavía.

Ver la som­bra de la bes­tia que somos
en cada acto y en cada día
culpable e inocente y lo ter­ce­ro.

Somos el edi­fi­cio que teme
el fra­gor en que asien­ta sus cimien­tos,
porque la som­bra anti­gua que se nos parece
aún atra­vie­sa a sus anchas las penum­bras
y los rum­bos de su sóta­no rum­bo a las habi­ta­ciones
y abre, de tan­to en tan­to, la sala donde almor­za­mos
con tan­tos edu­ca­dos y son­rientes invi­ta­dos.

Es él, seña­lan, y nos miran fija­mente
donde esta­mos, a la cabe­ce­ra de la mesa,
y tam­bién en el umbral de la puer­ta entrea­bier­ta.

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