> KUSTENDJE, A ORILLAS DEL MAR NEGRO

KUSTENDJE, A ORILLAS DEL MAR NEGRO

Par | 2018-02-20T14:07:35+00:00 22 mars 2013|Catégories : Blog|

 

Me decías en tu car­ta que es bel­la Kustendjé,
cuan­do los chi­nos y el vien­to lle­gan del Mar Negro
y que no lejos de la esta­ción de ómni­bus
hay una pie­dra donde -te dije­ron- se sen­ta­ba Ovidio
cuan­do se lla­ma­ba Tomis y era su des­tier­ro.

Nadie, la divi­ni­dad, nos salve del favor de los pode­ro­sos,
que de los cam­bios no se sal­va nadie.

Que ayer demo­lie­ron la últi­ma esta­tua de Lenín
y que en Tomis él llo­ra­ba la Roma noc­tur­na,
risueña, la frí­vo­la lec­tu­ra de poe­mas de amor,
la arre­pen­ti­da resa­ca del mediodía siguiente,
cuan­do con otros ocio­sos comen­ta­ba licen­cias,
conquis­tas o recha­zos, en los baños o en las calles
de un mun­do que reía para siempre.

Me decías en tu car­ta que todavía mur­mu­ran poco inglés
y que mien­tras habla­ba solo y espan­ta­ba las gal­li­nas
con la voz de sus hexá­me­tros, seguía sien­do Ovidio
aquel vie­jo andra­jo­so, el mis­mo que otras ropas
y cabel­los y per­fumes pre­sen­ta­ron a Augusto.

Que ya sabías por qué las pie­dras y los ver­sos
cam­bian, cuan­do cam­bia la mira­da, así como
-antes de la meta­mor­fo­sis- Ovidio supo
por qué la poesía le inter­esa a nadie.
 

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